Principios de la Alimentación Saludable

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Cada vez el mundo está más acelerado y va todo más deprisa. La demanda de alimentos es mucho mayor en comparación con los años ’50 del siglo pasado.

Los tomates eran de época y hoy por hoy los encontramos en cualquier lugar y fecha del año. Se siembra y se cosecha sin parar, con una rapidez inusual.

El proceso normal de la cadena alimenticia proviene de la tierra, es decir, nuestro organismo necesita nutrientes que extrae de los alimentos que ingerimos y que a su vez estos absorben de la tierra en tiempo y período de siembra, maduración y recolecta.

La tierra es generosa…cede todos los nutrientes que acaban en nuestras células, y para que esta recupere estos nutrientes que ha cedido, necesita un largo período de recuperación; secuencia que todo buen agricultor conoce.

A este proceso se le conoce con el nombre de barbecho; al menos así era en el 100% de los casos hace ya más de medio siglo.

Las parcelas, preparadas previamente para la siembra, se dividían en tramos y a la hora de la cosecha se tenía en cuenta de un año para otro el descanso de un ciclo anual para la recuperación de los minerales y demás nutrientes de la tierra sembrada anteriormente.

Por lo tanto, los tomates sabían a tomates y los pepinos a pepinos…cualquier fruta, hortaliza o verdura que mastiquemos hoy, es totalmente insípida y es debido a las prisas por producir cualquier alimento en cantidades industriales.

Debo aclararte, que lo que da sabor a cualquier producto sembrado en la tierra, es precisamente la composición de vitaminas y minerales que llevan dichos alimentos que previamente fueron absorbidos en el terreno; por lo tanto…sin nutrientes no hay sabor y viceversa.

Hay un dicho en esta tierra que dice “huele que alimenta”…hemos visto cocinar a nuestras abuelas y madres mientras correteábamos por la cocina y los pasillos con ese olor a puchero o cocido mientras se acercaba la hora de comer.

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Una vez la familia reunida en la mesa, comprobabas que lo que olía tan bien no estaba del todo tan sabroso y que los comensales acudían prestos a utilizar el archiconocido salero de mesa.

Al tiempo que estas prisas cada vez son más obvias, podemos comprobar el avance progresivo y evolutivo de la ciencia, la medicina y la tecnología.

En cambio, en términos de nutrición seguimos con los mismos parámetros que tenían nuestros antepasados cuando el trabajo era manual y de “sol a sol”.

La base del sustento de nuestro cuerpo se basa en calorías necesarias para “quemar” (energía); así que, el operario que trabajaba 8 o 10 horas a “pico y pala” necesitaba una cantidad de calorías acorde a su actividad; imagínate…2.500 a 3.000 calorías como poco por día.

Ahora en cambio, la gran mayoría de las personas estamos todo el día sentadas consumiendo esas 2.500 o más calorías y a través de alimentos desnaturalizados, procesados, congelados y precocinados, lo cual se traduce a la larga, en un sinfín de enfermedades.

La carencia de nutrientes y el exceso de calorías consumidas, nos debilita y provoca que el metabolismo del cuerpo se ralentice para poder preservar las pocas reservas que quedan, las cuales son utilizadas para abastecer las funciones vitales de los órganos internos.

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Exacto…hay que cambiar ciertos hábitos en la alimentación, y no por mero capricho-habida cuenta de lo nombrado anteriormente- sino porque ya es hora de tomar conciencia; que toda la avalancha de productos que se venden en las grandes superficies no sirven, en su mayoría, absolutamente para nada…salvo para hacernos engordar y acumular enfermedades de largo plazo y para el resto de nuestra vida.

Como primer punto, y creo el más importante, es romper con el paradigma que enseñan la mayoría de eruditos en la materia: cuántas calorías necesitas por kilo de peso y día.

El criterio para mí está claro: ingerir no más de 25 a 30 Cal. /kg de peso/día; obviamente para casos normales. Este dato no es válido para deportistas asiduos o de élite.

Una comida promedio de un único plato, puede contener hasta 800 Cal.  y si haces una comida tradicional de primero y segundo plato, pan, bebida gaseosa o cerveza, postre, café y pasteles…fácilmente rozará las 3.000 Cal.; imagínate qué puede ocurrir con este tipo de hábito al cabo de 10, 15 y 20 años…

El siguiente punto a considerar y también de vital importancia, es tener en cuenta las proporciones entre los distintos macronutrientes que ingerimos.

Es obvio que comemos carbohidratos de más, aunque a la industria de la alimentación no le haga especial gracia esta afirmación, la cual es apoyada por otros gremios que se pueden ver indirectamente beneficiados del abuso de este consumo.

Si el carbohidrato es el motor energético que nos mantiene en movimiento, la proteína es la constructora de los tejidos, los músculos, los órganos y en definitiva, el alimento fundamental de nuestras células.

Sin la suficiente cantidad de proteína, la célula enferma, envejece y muere; por lo tanto como segundo punto de consideración, debemos invertir las proporciones de los macronutrientes, dándole prioridad a la proteína, que por otro lado, es más saciante y nos permite estar más tiempo sin pasar hambre.

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El tercer punto es quizás el más difícil de aceptar a priori, ya que entender que lo que realmente importa de las comidas son sus nutrientes, requiere de un esfuerzo de introspección y asimilación de que el placer que ofrece la comida sólo le satisface al cerebro, además de tratarse de un rito cultural.

Por lo tanto, y como tercer punto, para abastecer al cuerpo de los nutrientes de los que carecen los alimentos, se hace imprescindible tomar suplementos alimenticios y cuánto antes aceptemos esta realidad, mejor nos irá en términos de salud.

Estos suplementos puedes encontrarlos en supermercados, herboristerías o a través de algún distribuidor de venta directa. Está al alcance de cualquier persona que investigue o indague en este sentido.

Los hay de todo tipo y composición, y lo que te recomiendo es que elijas alguno que sea de procedencia natural o herbal.

No es necesario hacer dietas estrictas de adelgazamiento, que sabemos no sirven para nada y si se tienen en cuenta estos consejos básicos y comes equilibradamente, bebes suficiente agua y sobre todo mantienes una vida activa practicando alguna actividad, ejercicio o deporte, vivirás una vida saludable.

Dedicado a la memoria del Doctor D. Eduardo Salazar.-

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